Mi razón de ser

Escucha...
¿Oyes el silencio?

Mira...
¿Ves la oscuridad?

Huele...
¿Percibes el dolor?

Toca...
¿Sientes el miedo?

Prueba...
¿Saboreas el amor?

Siente...
¿Te atreves a hacerlo?

Mis mininos

Búscate

2.2.15

Preguntas y respuestas

Otro día abres los ojos por la mañana
y te levantas.
Y das un par de vueltas por la habitación,
pensando quizá en lo que hiciste ayer,
pensando quizá en lo que harás mañana.

El día transcurre de forma normal,
de forma monótona,
de cualquier forma, en realidad.

Y antes de ponerse el sol
te asomas a la ventana
y suspiras al aire frío de la calle.
“¿Qué significa todo esto?”,
te preguntas
Pero no es la calle quien te va a responder,
ni el aire frío de la misma.
De hecho,
no es nadie.

Y antes de dormir,
estando en la cama,
quizá sobre el costado izquierdo,
quizá boca abajo,
“¿Qué significa todo esto?”,
te preguntas.
Pero no es la cama quien te responderá,
ni nadie que haya estado o esté en ella.
De hecho,

no es nadie.

6.4.14

El frío y el miedo

 Tiemblo de frío y de miedo. De miedo al frío y a lo que es frío: a la soledad y el dolor. De miedo al miedo, de frío producido por miedo, por la soledad y el dolor.
Lo que da miedo produce frío. ¿Quién no tiene miedo de quedarse solo en el mundo, de que nadie de sus allegados le comprenda o le aprecie, le ofrezca un gesto de cariño...? ¿Quién no teme ser dañado hasta el punto de que el dolor sea vacío?

Lo que es frío da miedo. Noto temblar las manos cuando todo el calor se acumula en mi cabeza y se desprende en forma de lágrimas. ¿Es normal sentir frío cuando se está apenado? Yo creo que sí, porque los sentimientos que nos afligen son sentimientos fríos, como el frío de no sentir calor humano.

1.6.13

Salió del pozo

Su fuego ya no es oscuro,
su voz ya no es silencio,
su historia ya no es imagen,
su pena no es sufrimiento,
sus labios no están sellados,
sus ojos están abiertos,
su corazón, destrozado,
pero la mirada al viento.

Y su voz de fuego,
y su oscuro silencio,
su historia de pena
y su imagen de sufrimiento
son suyos.
Y en ojos y en boca,
lo sellado un día, abierto,
su corazón mira
el destrozo del viento.

28.4.13

La vida

Era un agujero negro, un pozo sin fondo. Era un negro espeluznante y escalofriante, de esos que te envuelven y te hacen temblar el corazón de frío. Era la oscuridad en sí misma, la que se traga la luz, la que no es un resultado sino materia. Era una oscuridad densa, de aire viciado y lúgubre. La oscuridad infinita de un pasadizo sin salida, sin luz y sin vida. La oscuridad de una noche eterna, noche sin luna, sin estrellas y sin nada. Sólo noche. Sólo oscuridad.

Y, de repente, algo blanco. Una florecilla diminuta, de cinco pétalos, blanca y pura como la luz, tanto que disipa las tinieblas de su alrededor. Una florecilla viva, que desprende vida y consume vida. Una pequeña y diminuta mota de esperanza de cinco pétalos. Un tablón al que agarrarse en la tormenta marina. Algo con lo que mantenerse a flote, mantenerse vivo.

Una diminuta flor blanca de cinco pétalos que venció a la oscuridad mientras duró su existencia. Una diminuta partícula de esperanza que iluminó a la oscuridad de la tristeza.

22.4.13

¿Qué me queda?


¿Qué me queda cuando te has llevado todo lo tuyo que fue mío?
Tan solo me quedan pedazos de recuerdos, de sentimientos y de emociones. Tan solo me queda el olor de tus palabras y el sabor de tu silueta, un poco de mí y un tanto de ti. Pero son apenas sensaciones alejadas, difuminadas en mi memoria. Se quedan en eso: ideas, viento que viene y que va... 
Físicamente, quizá me quede un mar en el que perderme. Un cielo sin estrellas, o quizá una luz sin brillo. Quizá quede un fuego que no caliente. Quizá quede un papel arrugado, escrito a mano, que hablaba de sentimientos y acabó hablando del vacío. Del adiós.